Escalada en Akopan Tepuy "Hasta Luego Taurepan 5.11c" abril de 2009

Tenía un par de años con intenciones de ir a escalar en el Akopán Tepuy (ubicado dentro del Parque Nacional Canaima) y decidí consolidarlas durante encuentro con Rafael Ruíz caminando un día por las calles de San Antonio de los Altos. Acordamos organizar una escalada por las vías “Hasta Luego Taurepan 5.11c” y “Jardineros de grandes Paredes 5.12a” del tepuy. Estas vías tienen 10 y 9 largos de escalada con unos 300m de ruta en ambas. Después de un par de meses de planificación, José, Rafael y yo, estábamos listos para partir a nuestra aventura: la primera experiencia de escalada en un Tepuy. Salimos de Caracas para llegar a Santa Elena de Uairen unas 16 horas, después tras una larga jornada de manejo, esa noche llegamos a casa de un amigo donde dejamos el vehículo durante los días de nuestra escalada. Al llegar, lo primero que hicimos fue llamar al piloto que nos llevaría hasta Yunek, luego de varios intentos no pudimos localizarlo, por lo que tuvimos que contactar a otro piloto que nos llevara al día siguiente, de manera que no se afectara nuestra ajustada logística. Luego de arreglar el vuelo, nos tomamos un pequeño descanso, comimos algo y terminamos de arreglar y revisar los equipos para acostarnos a dormir. Al día siguiente contratamos un par de taxis para que nos llevaran hasta el aeropuerto y tomar la avioneta (“tara” o “volkswagen con alas”) que nos llevaría hasta la población de Yunek. Durante el vuelo se puede observar la carretera al Paují, las poblaciones de Apoipó y Wonkén, además de varios tepuys como el Upuigma y el Apaurai (La Urna de Wonken). Faltando pocos minutos para aterrizar en Yunek se puede divisar el majestuoso Akopán con sus impresionantes pilares y formas rocosas. Yunek es una pequeña comunidad indígena Pemón que se encuentra dentro del Parque Nacional Canaima. Al frente de la población se puede contemplar la imponente formación rocosa llamada Akopán Tepuy, que forma parte del Macizo de Chimantá. La belleza del paisaje que se observa desde este lugar es impresionante, a donde se mire se puede contemplar la verde sabana con los imponentes tepuys al fondo. Al llegar a Yunek las personas que se encontraban en la comunidad se acercaron a la pista para ver quién había llegado, ya que esta población es muy poco visitada, la mayor parte de la gente que va es para escalar. Luego de hablar con ellos un poco, contratamos a cuatro para que nos ayudaran a llevar nuestra carga hasta el campamento base ubicado en la falda boscosa del tepuy, a unas dos horas de camino desde de la comunidad. En el campamento base arreglamos un poco el equipaje y decidimos subir hasta la pared los equipos de escalada, la comida y el agua para iniciar nuestro ascenso a la vía “Hasta luego Taurepan” al día siguiente. Regresamos al campamento al final de la tarde, durante el descenso nos encontramos en el camino con una serpiente coral, le pasamos por un lado y seguimos hasta el campamento donde arreglamos todo para el siguiente día. Nos levantamos temprano para iniciar nuestro ascenso a la pared. Éste es bastante corto pero muy inclinado, además el camino esta lleno de rocas sueltas que hacen un poco mas difícil y delicada la caminata. Una vez en la base de la pared, preparamos los equipos y arreglamos el petate con el equipo de vivak, comida y otros. Para iniciar la escalada hicimos “Pares o nones” (un juego de azar) para distribuirnos los largos de la ruta, que, en total, eran diez. Todos estábamos a la expectativa con el tercer largo de la ruta ya que sabíamos que tenía un paso clave por una grieta un tanto incómoda (off-width). A Rafael le tocó el primer largo, a mí el segundo y a José el tercero, de forma que mantendríamos ese orden durante los largos siguientes. El primer largo es lo que se conoce como una mata-tracción, ya que tienen mucha vegetación, además de algunos bloques sueltos y roca descompuesta. Subir el petate hasta la primera reunión fue un poco complicado por lo irregular del terreno, entre Rafael y yo halábamos mientras José ayudaba a desatorarlo. En el segundo largo, me tocó lidiar con bastantes rocas sueltas, por lo que escalé con mucha precaución, además durante la escalada se perdía el contacto visual con el asegurador y teníamos que comunicarnos por radio. El izado del petate en este largo se nos hizo más sencillo pero igual nos tardamos mucho subiéndolo. Mientras Rafael jumareaba el segundo largo y ayudaba a desatorar el petate, la cuerda que estaba utilizando se posó sobre un borde y comenzó a romperse, por lo que tuvo que cambiar la cuerda para poder llegar a la reunión de manera segura. Con esto perdimos una de las tres cuerdas que llevamos. Luego de unas horas de petateo, escalada y jumareo habíamos llegado a la segunda reunión. José inicia el tercer largo con un clima algo inestable, ya que se estaban montando unas nubes no muy prometedoras sobre el tepuy. Luego de superar unos diez metros de ruta, algo inesperado sucedió: mi mano apoyada sobre la pared saltó con un chispazo acompañada de un grito de José “Se iluminó la Grieta”. Nos había alcanzado un rayo. Luego de reaccionar a lo que acababa de suceder, Rafael le gritó a José para que se bajara. Decidimos bajarnos de la pared para intentar nuevamente al día siguiente. Entre el apuro por bajar, no nos percatamos de que el petate se había quedado colgado en la segunda reunión junto con los equipos, la comida para la escalada, nuestros aislantes y bolsas de dormir. No nos quedó otra que bajar al campamento de noche, comer algo y acostarnos a dormir con sólo un suéter. Durante la noche llovió bastante y continuó lloviendo hasta el amanecer. Ese día nos quedamos dando vueltas por el campamento para intentar escalar al día siguiente. Dimos unas vueltas alrededor del campamento visitando un par de conucos y tomando fotos por los alrededores. Al llegar la noche estuvimos contemplando el cielo que se encontraba bastante despejado y aprovechamos de tomar algunas fotos nocturnas, luego de cenar nos fuimos a dormir. Por suerte esa noche contamos con un pequeño aislante de vivak que tenía uno de los morrales que llevamos, hecho que nos ayudó a pasar una mejor noche. Amaneció con un sol intenso, desayunamos para luego iniciar el ascenso a la pared. Al llegar a la base, decidimos replantear el petateo dividiendo la carga en dos petates para hacer mas fácil el izado. Jumareamos hasta la segunda reunión donde redistribuimos la carga de los petates y botamos el agua que no pensábamos utilizar. José se preparó e inició la escalada del tercer largo. Este largo era el que más nos preocupaba, ya que tenía un tramo con una grieta tipo “offwith”. José superó el largo sin problemas, llegando a la tercera reunión, donde se encontraba la repisa en la que pasaríamos la noche. Al llegar Rafael y yo a la repisa, arreglamos los equipos y colocamos un pasamanos para poder movernos con comodidad de manera segura. Rafael se preparó para abrir el cuarto largo y dejar la cuerda fija para jumarearlo al día siguiente. Arreglamos todo el equipo y preparamos el vivak. Durante el atardecer la luna llena nos ofreció un tremendo espectáculo, pues aunque el lugar en sí ya es muy especial, con la luna llena y el cielo despejado era increíble. Pero junto a este escenario llegaron unos amigos poco deseados, los zancudos y jejenes, estos nos hicieron una noche verdaderamente difícil. Había tantos mosquitos y jejenes que nos tuvimos que encerrar en las bolsas de dormir dejando apenas un pequeño orificio para respirar. En la repisa no había nada de viento, por lo que el calor dentro de las bolsas de dormir fue terrible. Al salir la luz del sol nos paramos, desayunamos y nos preparamos para la escalada, ese día debíamos llegar a la cumbre de la ruta. Debido a los problemas que se nos presentaron con los roces entre la roca y las cuerdas decidimos que ninguno utilizaría los jumares, es decir, escalaríamos los tres todos los largos. Los tres jumareamos por la cuerda fija hasta una repisa donde se encontraba la reunión del cuarto largo. Me tocó abrir el quinto largo, comencé por una buena grieta y luego continué por un pequeño techo que salía a una zona muy sencilla pero con bastantes bloques sueltos, para luego llegar a una cómoda reunión. A Rafael le tocó abrir el sexto largo que es un diedro bastante interesante. De la reunión del sexto largo se hace una pequeña travesía a otra reunión, desde donde se hace el octavo largo que es una travesía bastante sencilla y corta. Una vez superada esta travesía, pudimos ver el final de la ruta, pero los dos últimos largos eran los de mayor dificultad. A mí me tocó el noveno largo y a Rafael el décimo y por fin habíamos logrado llegar a la cumbre de “Hasta luego Taurepán” en el Akopán Tepuy. Pasamos unos minutos en el tope celebrando y contemplando el paisaje para luego comenzar nuestro descenso hasta la repisa donde debíamos pasar una noche más. Durante la noche nuestros amigos zancudos y jejenes no faltaron, y tuvimos que pasar otra noche encerrados en las bolsas de dormir. Al día siguiente nos levantamos y preparamos todo el equipo para el descenso, luego de unas 3 horas estábamos en la base de la pared. Celebramos nuestro regreso al piso, arreglamos los bolsos y petates e iniciamos nuestro pesado descenso hasta el campamento. Una vez allí, comimos y nos dispusimos a descansar tras nuestra larga y agotadora jornada de escalada. Al día siguiente descansamos y discutimos la posibilidad de escalar “Jardineros de grandes paredes”, pero decidimos no hacerlo porque sólo contábamos con dos días para esa escalada suponiendo que el clima nos ayudaría en esos días. Al otro día nos fuimos a Yunek donde jugamos una buena partida de fútbol con los locales (muy buena, pero la verdad quedé agotado y adolorido). Conversando con el capitán de la comunidad, éste nos comentó que podíamos llamar por radio a Santa Elena para que la avioneta nos buscara al día siguiente. Logramos comunicaros con el piloto y éste quedó en buscarnos a las 3pm del día siguiente. Estuvimos dando vueltas por la comunidad, nos dimos un buen baño en el río y pasamos la noche. Al otro día, esperamos a la avioneta, pero nunca llegó, así que dimos un paseo por la pista de aterrizaje, nos bañamos en el río y pasamos otra noche en Yunek. Al día siguiente llegó la avioneta a eso de las 10 a.m., montamos todo el equipo y partimos a Santa Elena. Una vez ahí, buscamos el vehículo y comenzamos nuestro regreso a Caracas. Esa noche la pasamos en El Monumento al Soldado Pionero, para partir en la madrugada hasta Caracas. Logramos regresar a Caracas sin mayor novedad pero con muchas ganas de regresar a esa tierra de Tepuys para escalar de nuevo. Daniel Macedo
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